Bisturí ®© ¡Reviéntenlo!
Franklin E. Alcaraz Del C.[1]
(Cualquier semejanza con la vida real es pura coincidencia)
O ¡hay que reventarlo! Una especie de consigna.
La del título, probablemente emitida por lo más alto. La segunda, por los
testaferros. Estremece. Caer víctima de un sistema de “justicia” que no es tal,
sino un aparato tenebroso ante el cual no existe posibilidad de defensa, es
sencillamente espeluznante. Uno se pregunta qué clase de ser humano se puede
prestar a convertirse en semejante instrumento que sea indolente, no solo ante
los derechos humanos, sino frente a la vida misma de las víctimas.
La verdad es que la justicia en Bolivia siempre
ha sido lo peor que teníamos; pero ahora es lo peor de lo peor (¿y qué hay de
bueno?). Eso de “lo peor de lo peor”, todavía suena suavito. Imaginen una
persona inocente, trabajadora, dueño de una casa y una movilidad, que sea
autoridad, que tenga una familia, que piense diferente al régimen de turno y
así lo manifieste; y que por ese “delito” se lo encierre en la cárcel para que
“se pudra con los gusanos” (¿son cárceles lo que hay en Bolivia?) y no se le dé
oportunidad de defenderse (debería hacerlo públicamente, en la TV, para que
todo el mundo vea si es o no culpable)… Pero no, en el país multipluri eso es
impensable.
Otro: Un señor, también padre de familia, con
cierta comodidad (¡”Ah, este tiene plata!”), al que se le dice, de frente y sin
aspavientos, me das la mitad de lo que tienes o … y termina también en la
cárcel, donde sufre de un proceso continuo de extorsión.
Otro más: Un extranjero, que llega al país
multipluri con ganas de invertir y la banda tenebrosa se entera. Lo investiga
(“¡Uh! Este está forrado en plata!”) e inventando “razones”, lo mete también a
la cárcel. (No, no va a salir, pero “lo esquilmaremos”). La banda se aprovecha
y se apropia de sus bienes y su dinero. Además a todos, los extorsionan.
Eso es lo que todo el mundo sabía, pero no
hablaba. Ahora salió a la luz, y todo el mundo habla. Pero es lo que se ve (y
como en el cacho…se anota). Y aquí vienen las conjeturas, los “probables”:
probablemente no es todo. Debe ser lo más chico. Es probable que existan cosas
más grandes, que ahora posiblemente estén en la etapa del susurro, pero de las
que alguna vez la opinión pública se enterará. ¿Recibieron órdenes o
instrucciones de arriba? No se sabe, pero mucha gente –otra vez- lo supone. Lo
que ahora se conoce, apareció más temprano que tarde, gracias a la atención
internacional y, otra vez probablemente, gracias a la investigación de una
institución especializada en el tema de otro país, que no la solicitó la
policía multipluri ni el régimen de turno; pero que, más probabilidades, la
hizo nomás. Y además –probablemente también- se dieron modos de hacerla conocer
(a pesar de algunos, claro). De lo demás, de lo más grande, se cuchichea y no
hay forma de probarlo… todavía. Pero ojo: esto no está terminado. La banda
tenebrosa no está desbaratada. Unos pocos están adentro, es posible que los
demás se encuentren preparando valijas (ya ocurrió con alguno) o un “sistema de
defensa” que tape, o minimice, lo que se avecina.
La Justicia, así con mayúscula, es lo mejor que
tienen los países que lograron progresar. La “justicia”, así, entre comillas,
es lo peor que tienen los países que no pueden salir del subdesarrollo. A
Bolivia le faltó justicia en el pasado. Ahora, en el país multipluri, simplemente
parece no existir.
La Justicia, en los grandes países, está por
encima de todo. Incluyendo el gobierno de turno. En los países pequeños,
atrasados, la justicia está subordinada al poder de turno y se encuentra en el
último escalón, el de más abajo. Esa es la diferencia entre unos y otros.
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