Cuando yo me vaya
(Anónimo)
Cuando yo me
vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive
recuerdos, reconforta el alma. Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo
me duermo; por algo me he ido. Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y
casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros,
búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado. Ponte mis
camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi
cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas. Te puedes
comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema
que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas. Si tapan mi cuerpo, no
me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la
música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra,
toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros. Si me extrañas
mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio
ése donde me ocultaba. No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más
triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado. Cuando yo me duerma,
no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña
que el mundo está vivo y sigue su marcha. La llama encendida no se va a apagar
por el simple hecho de que no esté más. Los hombres que “viven” no se mueren
nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo
una excusa. Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en
contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre
estaré a tu lado. Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para
no marcharme.
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