Oxígeno.bo
Sección: Opinión
El consumo de coca sin manipulaciones
29 de Enero, 2014
Por: Franklin Alcaraz del Castillo
Hubiera sido muy evidente y chapucero presentar un “estudio” sobre la hoja de coca “cocinado”, manipulado y tergiversado. Entonces se presentó un estudio manipulado en la forma de presentación. Veamos: los datos distribuidos a los medios, que son datos parciales e incompletos y “adornados/dispuestos” como para mostrar una “realidad” que no es tal, asumimos que es la información que quiere mostrar el gobierno a los medios y, a través de ellos, al pueblo. Así, el mencionado “estudio”, tiene dos etapas muy claras. La primera encontró escaso consumo pero real, (el consumo de coca en el país no había sido de la magnitud que se imaginaron los cocaleros). Probablemente por eso es que el “estudio” tardó en presentarse. De todos modos, al final, todos los datos recogidos en esta primera etapa, se procesaron de tal manera, que el análisis de los mismos, no resiste una auditoría técnica. Esta primera etapa consideró tres formas de consumo: El “pijcheo” (1.125.483 personas que consumen coca en esta forma), Medicina (961.349 personas) y “rituales” (30.006 personas). Y aquí viene el primer error. El informe SUMA estos datos, cuando no puede hacerlo. ¿Por qué? Porque la misma persona que acullica, puede usar la coca como medicina o para ritos místicos y muchas veces al mismo tiempo y en el mismo lugar, por lo tanto, en esta primera etapa, se contabilizó a la misma persona tres veces.
Pero aun aceptando el error de procedimiento, el resultado da la suma de 2.116.838 de usuarios de hoja de coca en cualquiera de sus formas que tendría el país. Por otra parte, no sabemos, por qué el informe no muestra, -intencionalmente o no- cuánto de hoja de coca se consume anualmente en cada una de estas tres formas. Por estudios anteriores, sabemos que la actividad que más consume coca es el pijcheo, luego ritos místicos y finalmente como medicina. ¿Por qué se omitió ese dato? “Buena pregunta”, dice mi compadre Choque. Existe en cambio una torta que menciona los siguientes porcentajes de uso: No sabe no responde: 30%, medicina: 31%, pijcheo: 37%, rituales: 1%, acontecimientos sociales 0%, otros: 1%. De acuerdo al “estudio”, el tamaño de muestra global es de 16.000 “observaciones”, pero, por ejemplo, el 37% de 16.000 (“pijchadores”) equivale a 5.920 “observaciones” (personas). Bueno. Supongamos que se tomó en cuenta el total de la población. En ese caso, el 31% de 10.000.000 de habitantes que tiene el país multipluri, para hablar con cifras redondas, sería de 3.100.000 personas. Bueno. Algo no cuadra, porque según el estudio, hay 1.125.483 “pijchadores”. Por otra parte, 1.125.483 personas “pijcheadoras”, si se me permite el término, es solo el 11,25% de 10.000.000 de habitantes que tiene el país multipluri. Las cifras se repiten en el cuadro que detalla los consumidores por año, según uso y consumo del informe ampliado.
La segunda etapa del estudio, realizada probablemente para “incrementar” el uso de la coca, se la “articuló” como “estudios complementarios” considerando “Actividad económica”, “establecimientos económicos” y “comercio en fronteras” (¡!). Ninguna de las tres puede considerarse consumo propiamente dicho porque una cosa es la comercialización y otra, muy diferente, el consumo. Pero también se recogió información de 400 comerciantes minoristas, de 300 productores detallistas y “otros” que no sabemos qué o quiénes son y que tampoco pueden ser consideradas actividades de consumo de hoja de coca. Por otra parte, ¿habrá forma de garantizar, por ejemplo, que los comerciantes minoristas y/o los productores detallistas no desvíen su producto a actividades ilícitas? ¿No se está contando dos veces la misma coca? (comercio y consumo). Porque la coca comercializada ¿dónde debería ir? Al consumo legal ¿no es cierto? ¿Y eso quién lo garantiza? Pero bueno, preguntita nomás es. Aunque, claro, buena pregunta, dice otra vez, mi compadre Choque (ojo con lo de “comercio en fronteras”, signifique lo que signifique). El tema es que toda esta segunda etapa, ¡asómbrese! ¡se SUMÓ a la primera!
Además, en el mencionado informe, se presentan siete resultados, producto de ¿siete estudios?, En estos, se puede apreciar un impresionante incremento de cifras (o de consumidores de hoja de coca). Por ejemplo, el “pijcheo”, también llamado “acullico”, sube de 990.352 en 2006 (¿de dónde sacarían ese dato?) a 1.125.483 personas en 2012. Es decir, de menos de 10% al 11,25% de la población total, en el lapso de siete años. Si el incremento continúa, va a llegar un momento en el que toda la población del país multipluri ¡va a ser “pijchadora”! (Atención: el CELIN encontró 14% de acullicadores el año 2000 – Si las cifras del INE son fidedignas, confirmaría que el número de acullicadores disminuye y que el año 2012 llegó a 11%). Y lo que viene es asombroso: a quienes “No saben o no responden” se los incluye como consumidores (“¡le metieron nomás…!”) y son como un millón de personas si sumamos la categoría “otros”). En fin.
Preguntas: Para ser incluidas como consumo de hoja de coca, ¿se puede considerar a la “exportación” una actividad “tradicional” o de consumo? ¿Y a qué se destina la “exportación”? ¿Al consumo de hoja de coca más allá de nuestras fronteras? ¿A la fabricación de cocaína? No sabemos. Pero hay esperanza y ansiedad, de parte de los cocaleros, por satisfacer esa demanda… ¿sea cual fuere? Ojo: pregunto nomás. ¿Debería interesarnos el consumo (o uso) de coca más allá de nuestras fronteras? También hay esperanza y ansiedad, esperando la “industrialización” de la hoja de coca, que tampoco puede ser considerada actividad tradicional o “cultural”. Sobre este tema escribiremos otras notas.
Otro punto: Si en 2012 habían 1.125.483 acullicadores, ¿Cuánta cantidad de hoja de coca consumían? ¿Cómo se midió esa cantidad? El informe menciona 19.138 Toneladas métricas (Tn). como cantidad total utilizada de hoja de coca. Para conocer la cantidad de hectáreas (Ha) necesarias productoras de tal cantidad, es necesario conocer la productividad de los suelos. Entonces, para el cálculo de productividad por hectárea de la hoja de coca, el gobierno toma un promedio de 1,407 Toneladas métricas por hectárea/año (uno coma cuatro), cuando la operación “Breakthrough” de la DEA mencionaba 1,8 Tn/Ha/año para los Yungas y 2,7 Tn/Ha/año para el Chapare. Pero igual, dividiendo 19.138 entre 1,4 nos da 13.601,99 hectáreas necesarias (¿Error de cálculo?). A propósito, el estudio no dice si el promedio calculado de 1,407 Tn/Ha/año es para el Chapare, los Yungas o ambos. De cualquier modo, el tema de la productividad por hectárea también merece otra nota.
Bueno, mi compadre Choque insiste en que repita que los resultados se presentaron “hábilmente” y señala que, por ejemplo, el gobierno mencionó que “el 37% de la población que consume habitualmente coca, la usa para pijcheo” (sic) y los medios de prensa, todos, sin excepción, interpretaron que el 37% de la población TOTAL, pijcha. Eso no dice el informe (aunque lo dice la nota de prensa del Ministerio de Gobierno). Repitamos: El informe dice que “el 37% de la población que consume habitualmente coca (la) usa para pijcheo. Es decir que solo el 11% de la población del país multipluri, es “acullicadora” o “pijchadora” (1.125.483 personas de 10.000.000 de habitantes),
Mi compadre Choque insiste también en que cierre la nota haciendo la siguiente pregunta a mis lectores: Ud. amigo, ¿se acuerda cuándo tomó su última taza de mate de coca?
Incluye notas como columnista, notas de prensa sobre drogas y coca, artículos científicos sobre coca y drogas y notas de otros columnistas.
jueves, 30 de enero de 2014
domingo, 22 de diciembre de 2013
Porque van diez años
Porque van diez años
(Octavio Campero Echazú)
Porque van diez años
que dejé mi tierra
ya nadie me quiere
conocer siquiera…
Porque van diez años
que dejé mi tierra,
las gentes me miran
con ojos de ausencia.
Es cierto, he cambiado:
mi madre esta muerta,
la casa vendida, y el molle –coplero
de notas de pájaros- convertido en leña.
Ayer una moza del campo – ánfora de greda
colmada de soles y lluvias,
¡olor de la tierra!,
amancaya rosa, que invertida es una
lírica pollera-,
no quiso conmigo
bailar a la rueda,
porque van diez años
que dejé mi tierra.
¡Pensar que pude colgarle zarcillos
de dulces tonadas de Cello,
enflorar con rosas y risas
la flor de su oreja,
trenzarme a sus largos cabellos
color de tormenta,
¡y aventar el trigo de sus sensaciones
en rosadas eras!...
Pero aquella moza,
fragante y huidiza como agua de acequia,
se me fue con otro, con otro…
-¡malhaya mi sed de querencia!,
porque van diez años
que dejé mi tierra.
(Octavio Campero Echazú)
Porque van diez años
que dejé mi tierra
ya nadie me quiere
conocer siquiera…
Porque van diez años
que dejé mi tierra,
las gentes me miran
con ojos de ausencia.
Es cierto, he cambiado:
mi madre esta muerta,
la casa vendida, y el molle –coplero
de notas de pájaros- convertido en leña.
Ayer una moza del campo – ánfora de greda
colmada de soles y lluvias,
¡olor de la tierra!,
amancaya rosa, que invertida es una
lírica pollera-,
no quiso conmigo
bailar a la rueda,
porque van diez años
que dejé mi tierra.
¡Pensar que pude colgarle zarcillos
de dulces tonadas de Cello,
enflorar con rosas y risas
la flor de su oreja,
trenzarme a sus largos cabellos
color de tormenta,
¡y aventar el trigo de sus sensaciones
en rosadas eras!...
Pero aquella moza,
fragante y huidiza como agua de acequia,
se me fue con otro, con otro…
-¡malhaya mi sed de querencia!,
porque van diez años
que dejé mi tierra.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Cuando yo me vaya
Cuando yo me vaya
(Anónimo)
Cuando yo me
vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive
recuerdos, reconforta el alma. Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo
me duermo; por algo me he ido. Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y
casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros,
búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado. Ponte mis
camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi
cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas. Te puedes
comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema
que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas. Si tapan mi cuerpo, no
me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la
música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra,
toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros. Si me extrañas
mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio
ése donde me ocultaba. No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más
triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado. Cuando yo me duerma,
no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña
que el mundo está vivo y sigue su marcha. La llama encendida no se va a apagar
por el simple hecho de que no esté más. Los hombres que “viven” no se mueren
nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo
una excusa. Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en
contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre
estaré a tu lado. Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para
no marcharme.
domingo, 1 de diciembre de 2013
25 lecciones extraordinarias del sistema educativo de Finlandia (infografía)
25 lecciones extraordinarias del sistema educativo de Finlandia (infografía)
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Claves del mejor sistema educativo del mundo
Desde que la OCDE comenzara en el año 2000 a elaborar su informe PISA, Finlandia ha acaparado los primeros puestos del podio en Europa por su excelente nivel educativo. ¿Por qué? Por estas 25 razones:
1. El profesor
Ser profesor de escuela es una de las profesiones de mayor prestigio en Finlandia.
Para ser profesor hace falta estudiar una carrera de 3 años más 2 años de máster.
Sólo un 10% de los aspirantes consigue entrar en la carrera.
Para estudiar Magisterio hace falta más de un 9/10 en bachillerato y reválida.
Se requiere además una gran dosis de sensibilidad social.
La gente pide consejo al profesor sobre todo tipo de asuntos debido a su alta preparación.
2. El método educativo
Los niños empiezan a estudiar a la edad de 7 años cuando tienen madurez intelectual.
Los 2 primeros años de cologio los alumnos van a clase 4-5 horas al día y tienen pocos deberes.
Hasta 6º de primaria los niños suelen tener en la mayoría de asignaturas el mismo maestro.
Hasta 5º no hay calificaciones numéricas para no fomentar la competencia ni las comparaciones.
La relación con el profesor es muy cercana porque no hay más de 20 alumnos por clase.
No se persigue la memorización sino la curiosidad, la creatividad y la experimentación.
No se quiere transmitir información sino que es más importante aprender a pensar.
Los profesores trabajan en grupo, buscan la participación y la retroalimentación de los alumnos.
El profesor es evaluado y recibe feedback por parte de otros profesores más experimentados.
3. Los centros educativos
Cada colegio tiene autonomía para organizar su propio programa de estudios.
La planificación educativa es consensuada entre los profesores y los alumnos.
El trabajo es integrado en los niveles del sistema educativo (primaria, secundaria y universidad).
4. Cultura educativa
En Finlandia el 80% de las familias van a la biblioteca el fin de semana.
Los finlandeses valoran la cultura luterana de la disciplina y el esfuerzo.
Los padres creen que son los responsables de la educación de sus hijos por delante de la escuela.
5. La política educativa
El gasto en educación en Finlandia fue del 6,8% del PIB en 2009 (5% en España).
La enseñanza obligatoria es gratuita desde el material escolar hasta el transporte.
En Finlandia existe estabilidad en el sistema educativo debido al consenso político existente.
El sistema social dota de numerosas ayudas para la concilación familiar y laboral.
viernes, 15 de noviembre de 2013
¡Ayayay! ¡La coca!
Bisturí ®© ¡Ayayay!
¡La coca!
Franklin E. Alcaraz Del C.[i]
¿Quién va dudar del
“estudio” del gobierno? Ningún masista o cocalero, por supuesto. Es que la
finalidad del mismo es política. Por eso no es “vinculante”. En otras palabras,
es un saludo a la bandera. Si ha sufrido “maquillajes”, eso lo saben solo unos
cuantos privilegiados. Nosotros, no. A pesar de todo, sin acceso a la
metodología que se utilizó y solo con los datos que tenemos, aventuremos algún
análisis.
Primero, es evidente una
grosera incongruencia en la nota de prensa del Min. Gobierno. El último párrafo
de la primera página dice que “1.125.483 personas consumen coca para el
pijcheo”. Y, el primer párrafo de la segunda página dice que “en porcentajes
esas cifras del consumo tradicional representan que el 37% de la población que
consume coca lo hace para el pijcheo…” Y es que 1.125.483 personas es solo el
11,25% del 10.000.000 de habitantes que tiene el país multipluri. Las cifras se
repiten en el cuadro que detalla los consumidores por año, según uso y consumo
del informe ampliado. Así que, ¿de dónde sale el 37%? ¡Ah! ¿de la suma de
pijcheo y otros usos?, Si es así, eso no se puede hacer en estudios de este
tipo.
Segundo: La encuesta de
hogares (que no sabemos cómo se hizo), es probablemente una de las principales
fuentes de información que se la “articuló” con “estudios complementarios” (¿Se
sumaron los resultados a la encuesta de hogares?) como “Actividad económica”, “establecimientos
económicos” y “comercio en fronteras” (que deben ser probablemente diferentes -
¡ups!). Pero también se recogió información de 400 comerciantes minoristas, de
300 productores detallistas y “otros” que no sabemos qué o quiénes son. ¿Habrá
forma de garantizar, por ejemplo, que los comerciantes minoristas y/o los
productores detallistas no desvían su producto a actividades ilícitas?
Preguntita nomás es. Pero en general, ¿toda la coca comercializada va al
consumo “tradicional”?, porque eso deja entender el “estudio” (ojo con lo de
“comercio en fronteras”, signifique lo que signifique).
Tercero: Existen siete
resultados, producto de ¿siete estudios?, En estos, se puede apreciar un
impresionante incremento de cifras (o de consumidores de hoja de coca). Por
ejemplo, el “pijcheo”, también llamado “acullico”, sube de 990.352 en 2006 a
1.125.483 personas en 2012. Es decir, de menos de 10% al 11,25% en el lapso de
siete años. (Atención: el CELIN encontró 14% de acullicadores el año 2000 – Si
las cifras del INE son fidedignas, confirmaría que el número de acullicadores
disminuye).
Cuarto: El cuadro
presentado de “consumidores por año, según uso y consumo” es, por decir lo
menos, inútil. ¿Por qué? Porque separa arbitrariamente a los pijchadores de los
que usan coca en forma de medicina, para rituales, acontecimientos sociales,
otros y no saben/no responden como si fueran diferentes personas. Otros
estudios, mencionaron que el “pijchador” suele usar la hoja de coca, como
medicina y también en rituales y/o acontecimientos sociales, así que ahí se
está contando a los consumidores tres veces (sino más). En este mismo cuadro, a
quienes “No saben y/o no responden” se
los incluye como consumidores (le metieron nomás… y son como un millón de
personas, si sumamos la categoría “otros”). En fin.
Quinto: Preguntas; ¿se
puede considerar a la “exportación” de hoja de coca una actividad
“tradicional”? ¿Y a qué se destina la
“exportación”? ¿Al consumo de hoja de coca más allá de nuestras fronteras?¿A la
fabricación de cocaína? No sabemos. Pero hay esperanza y ansiedad, de parte de
los cocaleros, por satisfacer esa demanda…¿sea cual fuere? Ojo: pregunto nomás.
¿Debería interesarnos el consumo de coca más allá de nuestras fronteras?
Sexto: También hay
esperanza y ansiedad, esperando la “industrialización” de la hoja de coca, que
tampoco puede ser considerada actividad tradicional o “cultural”. Sobre este
tema escribiremos otras notas.
Finalmente, si en 2012
habían 1.125.483 acullicadores, ¿Cuánta cantidad de hoja de coca consumían?
¿Cómo se midió esa cantidad?. El informe del INE menciona 19.138 T.M. como
cantidad utilizada de hoja de coca en hogares, pero no desglosa esa cantidad
según forma de consumo. Así que hay que aceptar todo, así como está.
Mi compadre Choque me
dice que cierre la nota haciendo la siguiente pregunta a mis lectores: Ud.
amigo, ¿se acuerda cuándo tomó su última taza de mate de coca?
domingo, 3 de noviembre de 2013
Coca y narcotráfico
Coca y narcotráfico
Franklin E. Alcaraz Del C.[i]
Yara Alcaraz Fernández[ii]
Cuando
William E. Carter, Phillip T. Parkerson y Mauricio Mamani Pocoaca llevaron a
cabo el estudio sobre la hoja de coca más conocido en el país a fines de la
década de los setenta, la coca era vista con otros ojos, muy diferentes a los
de ahora. El estudio se publicó recién en 1.986. Ese año, ya la coca iba
adquiriendo el perfil que le daría la promulgación de la Ley 1.008, el 19
de julio de 1.988. Esta Ley también tomó
como referencia el mencionado estudio, para efectuar un “cálculo a ojo de buen
cubero” y determinar las famosas 12.000 hectáreas legales de cultivo del
vegetal – nos guste o no – fuente y origen de la cocaína. Y decimos a “ojo de
buen cubero”, porque el cálculo no tomó en cuenta la productividad de los
suelos. No había, entonces, tal estudio. Es que el trabajo de Carter et. al., nunca
fue diseñado para cuantificar la cantidad de producción de la hoja de coca. La
finalidad inicial de ese estudio fue el encontrar alguna relación entre el
“acullicu” y la religión (y/o uso místico obviamente). USAID, la institución
financiadora del estudio, pidió a los investigadores, casi al final del mismo,
que hicieran un esfuerzo para intentar una ESTIMACIÓN de la cantidad que entonces
se utilizaba en usos culturales de la hoja de coca. Esa ESTIMACIÓN arrojó la
cantidad de 10.313,076 T.M. año, base equivocada de la Ley 1.008. El CELIN, por
su parte en su estudio integral sobre la hoja de coca, el primero en ser
realizado para cuantificar el consumo, el año 2.000, encontró como suficientes
9.087,9 TM/año, producto del cultivo del arbusto en 5.148,8 hectáreas en los
Yungas de La Paz.
A principios
de los años setenta, sin embargo, ya había aparecido el tráfico ilícito de
cocaína y la fabricación de la droga en Bolivia. La Ley 1.008 vino a intentar
el control del cultivo de la hoja fuente de la droga. El año 1.986, según
CELIN, basado en datos de DIRECO y DIGCOIN, la superficie cultivada de hoja de
coca en Bolivia, era de 37.800 hectáreas. Un año después de la promulgación de
la Ley 1.008, en 1.989, los cultivos alcanzaban las 52.900 hectáreas. Bajaron
hasta las 22.800 hectáreas el año 2.003 – gracias a la política de erradicación
de cocales del gobierno de entonces – para volver a subir, con oscilaciones-
hasta las cifras que hoy conocemos.
Actualmente se
sabe que la productividad media de los suelos de los Yungas de La Paz es de 1,8
TM/año/hectárea y del Chapare 2,7
TM/año/hectárea, gracias a los estudios de la “Operación Breakthrough” de la
DEA y otros de DIRECO. Sabemos también que en los Yungas se cosecha coca tres
veces al año y en el Chapare cuatro. Conocemos el contenido medio de cocaína de
la hoja de coca de los Yungas (0,85%) y del Chapare (0,72%). Es decir que hoy
sabemos mucho más que en 1.988. A estos datos, podemos añadir que en Bolivia
también apareció el consumo de droga. No solo de cocaína, sino –como en otros
países- de marihuana. Esta última es la droga ilícita de mayor consumo en el
país. La cocaína la consumían, según CELIN, en 1.992 (primer estudio serio
sobre el tema), en forma de clorhidrato 2.184 personas y el 2.010 ya eran
62.679. En forma de base de cocaína, en 1.992, la consumían 4.367 personas para
llegar a 56.534 el 2.010 (Ojo: ambas cifras no se pueden sumar, debido al
policonsumo).
A través de
los registros nacionales sabemos también que la comercialización (lícita) de la
hoja de coca siempre ha sido mayor en el mercado de Villa Fátima de La Paz (6.118,87
T.M. en 1.997 y 17.253 T.M. en 2.012) que en el de Sacaba en Cochabamba (2.493,92
T.M. en 1997 y 1.183 T.M. en 2.012 ¡disminuyó!) y que, sin embargo, el número
de cocaleros registrados es mayor en el Chapare (40.000 hasta el 2.008) que en
los Yungas/Apolo. (27.500 también hasta el 2.008). Datos de CELIN en base a
información de DIRECO/DIGCOIN. Obviamente, esto da mucho que pensar y comentar.
También han
ido en aumento las incautaciones. Por ejemplo, los decomisos de coca (destinada
al narcotráfico) crecieron de 1.659 libras en 1.998 a 695.477 en 2.007 y 433.935
en 2.008). Hay mayor cantidad de operativos y droga decomisada hoy que en el
pasado. No tenemos datos del 2.008 al 2.013, pero es probable que el panorama
general no haya cambiado. Lo que sí cambió desde mediados del año 2.000 a la
fecha, es que Bolivia se convirtió de solo país productor a país productor, de
tránsito y consumo de drogas como la marihuana y cocaína, con todo lo que ello
conlleva (tráfico de sustancias químicas, lavado de dinero, etc). La expulsión
de la DEA ha dejado a los organismos especializados en el combate al
narcotráfico, con un importante déficit en materia de inteligencia,
comunicación y logística.
La
industrialización de la hoja de coca se sostiene gracias al fomento
gubernamental. Todas las actividades privadas han fracasado. La cantidad de
hoja de coca que se industrializa actualmente, no alcanza a absorber la
producción excedentaria de hoja de coca. Y, en todo caso, hay que
mencionar que la industrialización de la
hoja de coca no puede ser considerada actividad “tradicional” o “cultural”.
Por otra
parte, lo que podemos decir del estudio sobre la hoja de coca que llevó a cabo
el gobierno, es que este consta de siete módulos. Veamos quiénes realizan esos
estudios y las fechas de firma y conclusión de los mismos:
1.- “Encuesta
nacional sobre el uso y consumo de la hoja de coca en hogares”; Nº de contrato
128-A-2008, adjudicado al INE; firmó el contrato en fecha 11/12/2008; fecha de
conclusión: 11/01/2010.
2.- Estudio
de caso: “Políticas públicas de la hoja de coca”, Nº de contrato 086-2009, adjudicado
a Wilde & asociados S.R.L., fecha de firma: 07/08/2009, fecha de conclusión
06/12/2009.
3.- Estudio
de caso: “Histórico-cultural-antropológico de la hoja de coca”. Nº de contrato:
087-2.009, adjudicado a Consultora Tamara S.R.L., fecha de firma del contrato:
07/08/2.009; fecha de conclusión 06/12/2.009.
4.- Estudio
de caso: “Evolución y caracterización de los mercados de la hoja de coca”. Nº
de contrato: 088-2.009, adjudicado a Pragma Consultores Asociados S.R.L.; fecha
de firma 07/08/2009; fecha de conclusión 06/12/2.009.
5.- Estudio
de caso: “Rutas, destinos y volúmenes de comercialización del mercado interno
de la hoja de coca”. Nº de contrato: 089-2.009, adjudicado a Consultora Buezo
Leglise; Fecha de firma 07/08/2.009; fecha de conclusión: 06/12/2.009.
6.- “Estudio
de investigación cuantitativa a establecimientos sobre el uso lícito de la hoja
de coca en Bolivia”; Nº de contrato 090-2.009/; adjudicado a Empresa Fortaleza
S.R.L.; fecha de firma: 01/08/2.009; fecha de conclusión 31/01/2.010.
7.- Estudio
de caso: “Perfil de nuevos consumidores de la hoja de coca”; Nº de contrato
097-2.009, adjudicado a Consultora Buezo-Leglise; Fecha de firma: 01/09/2.009;
Fecha de entrega: 31/12/2.009.
Hay más,
mucho más para decir, pero nos falta espacio.
lunes, 23 de septiembre de 2013
La Muela del Diablo
La Muela del diablo
Franklin E. Alcaraz Del C.
Era muy chico cuando una límpida tarde en La Paz,
mi padre me mostró la Muela del Diablo. Me dijo que ese cerro, que se encuentra
hacia el sur de la ciudad, más que montaña, tenía ese nombre por el perfil que
de lejos se aprecia, ni siquiera como una muela de verdad, sino como un
contorno afilado cuya punta señala al cielo. Su nombre, sin embargo, a mis
entonces escasos años, evocaba la morada del mismísimo luzbel. Algunas noches
de luna solía mirar la silueta del cerro y medio sobrecogido de miedo, me
tapaba la cara para que el diablo no se diera cuenta que lo observaba. Pero era
inútil. Cuando eso pasaba, generalmente no podía dormir. O si lo hacía,
despertaba gritando y llorando. Obviamente, quien se acercaba a mi cama era mi
madre que se quedaba conmigo hasta que dormía nuevamente. Nunca le mencioné la
causa de mis pesadillas.
No me acuerdo cuándo fue que le perdí el miedo (y
el respeto) a la Muela del Diablo. Pero en mis años de universidad, una vez se
le ocurrió a alguien hacer una caminata por ese sector. Era parte de un grupo
de amigos que nos juntábamos para todo. Ninguno había estado allí. Preparamos
nuestro respectivo tapeque[1],
refrescos y algunos instrumentos como picos pequeños y cuerdas, por si los
necesitábamos. Emprendimos la travesía pensando llegar a la base del cerro en
unas tres horas, partiendo desde la zona de Cota Cota. Mal cálculo. Nos llevó
como el doble. Menos mal que salimos temprano. Una vez allí, cansados y
sedientos, Mi amigo Cleto Catari, que hoy es un respetado arquitecto en Chile,
hecho el Francisco Pizarro trazó una línea en el suelo diciendo: “por aquí se
va a la Muela a encontrarnos con Satán y por aquí a La Paz a mariconearse[2]”. Éramos
cinco. Los cinco queríamos ver a Satán de cerca.
Tomada la decisión, emprendimos el ascenso. Allí
nos dimos cuenta que el cerro, de cerca, no es como se ve de lejos. Seguimos
una senda que a ratos se hacía plana y otras empinada. Muy pedregosa.
Peligrosa, porque había sectores donde uno podía resbalar y… chau picho[3]. En
nuestro caminar, requetecansados, ya nadie hablaba. Solo se escuchaba el roj,
roj, de nuestros zapatos al rozar con las piedras del camino. Súbitamente oímos
una voz que gritaba “auxilioooooo, auxilioooo”. Nos detuvimos para vernos entre
nosotros primero. “¡Qué pasa¡” dijo mi amigo Roberto “¿oyen?” Y nuevamente “auxilioooo,
auxiliooooo”. La voz provenía de debajo de la senda que seguíamos y no veíamos
a nadie. “Es más arriba”, dijo Carlos. Corrimos y nos echamos en el camino para
que nuestras cabezas casi cuelguen al borde de la senda para ver hacia abajo en
una especie de precipicio muy, pero muy empinado. Otra vez “auxilioooo, que
alguien me ayudeeeeee”. Esta vez si nos pareció una voz femenina y pudimos ver
una mano que parecía salir de la pared del cerro. José, que era el makote[4] del
grupo (debió medir por lo menos 1,80), gritó: “Tranquila, le pasaremos una
cuerda que usted tendrá que tratar de agarrar y se la amarra a la cintura bien,
pero bien fuerte.” Era más fácil decir que hacer. Nos tomó como media hora hacer
que la mano agarre la cuerda y desparezca en la hendidura del cerro.
La mujer era más bien rellenita. Simpática, pero
inútil, torpe y no parecía razonar muy bien (o eso pensamos nosotros – zoncita es,
decía yo). A pesar de no estar muy debajo de nosotros, nos tomó otra media hora
izarla hasta la senda donde nos encontrábamos. No pudimos evitar (ni ella
tampoco) algunos golpes contra la roca que le ocasionaron moretones y
rasmilladuras durante el proceso.
Nos contó que era una monja y había venido a la
Muela del Diablo de excursión con algunas novicias que no supieron qué hacer
cuando ella tropezó y rodó hasta el lugar donde la encontramos (era torpe, lo
dije). Las chicas, después de estar como hora y media sin saber qué hacer,
salieron todas corriendo “a buscar ayuda” dejándola sola hasta que llegamos
nosotros. Le recomendamos esperar en el mismo lugar hasta que llegara su “ayuda”.
Nosotros, emprendimos el regreso, sin haber conocido al diablo.
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